lunes, 29 de junio de 2009

Piazza Navona

"Río profundo", dijo Alberto, el que nunca se tendría que haber ido. "Va a asomar el río profundo", le dijo a Néstor.
Extraído del blog de Martín Rodríguez



1. El tema será relatar sensaciones. Todos los que apoyamos una forma de poner la política en práctica, en estos últimos seis años, nos sentimos un poco más sombríos a partir de ayer. Ese río profundo que recuerda Martín en su valiosísimo texto (no me gusta decir post, me suena a cosa última, avant-garde de Palermo Soho) no era ni por asomo una idea pánica de pueblo, sino ese reflejo condicionado de la genética conservadora, tan pragmática como incitadora de la más perversa ingnorancia. Está claro que 2001 -ese grito de guerra digno de un recital de Ricardo Arjona ("que se vayan todos")- nos reservaba algo más para nosotros (es decir, para aquellos que creemos en la política como inserción de conceptos móviles en el campo social): una segunda parte de aquel penoso sintagma. Y esa segunda parte o ampliación era: que se vayan todos ellos. En la pauperización del reclamo totalizador, siempre se esconde el poder de selección. Si no, díganle al por estas horas felicísimo rabino Sergio Bergman, un fumanchú fascista capaz de transformar cualquier discurso humanista en una cruzada contra la libertad de expresión de las corporaciones, cualquiera fuera ésta, rubro o sector. Por otro lado, el sufragio no sólo es útil por su manera de intervenir en la dinámica política de un país: también es el ADN del votante, y básicamente, su mapa evolucional. Habrá que tomar en serio la necesidad de consolidar un modo de hacer política, aunque sea arcaico, es decir, convencional. Lo digo: debemos reencauzar aunque fuera una forma alfonsinista de trabar diálogo con quienes realmente se puedan tramar políticas públicas, y no esta idea liberal reformista que siempre nos depara la sorpresa del retroceso.
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2.
Si algo dice el ultrasónico discurso de Nanni Moretti en Piazza Navona, en 2002 (ver el video al final del texto), es que la autocrítica nunca llega a destiempo, por más dolorosa que fuese. Pero la autocrítica, en este caso después de la derrota del oficialismo en las legislativas, no debe venir de la mano de los recursos críticos de los adversarios o de los que no votaron al gobierno (no tienen por qué ser adversarios), porque ahí estaríamos sugiriendo que la forma afecta la gobernabilidad; es decir, el modo, eso a lo que siempre se le criticó a la presidenta: la soberbia, la altanería (lo mismo se le decía a Alfonsín, pero ya no importa: está en su bronce) cuando a Menem siquiera se le censuraba su frivolidad, salvo excepciones. Y el problema no es sólo la forma, sino la lectura radial que se haga del signo ausente, que es la idea naturalizada de un poder (después de 2001), que fuera reconstructor de códigos perdidos en los años 90' y principio de 2000, pero sin avanzar sobre la noción clásica de "tolerancia" y "consenso", ahora reestablecida por una oposición no sólo heterogénea, sino sin límites a la hora de mostrarse como una alternancia eficaz. El error es haber creído en la ley de proporcionalidad peronista, que asegura que a mayor capacidad de acumulación, igual número de sufragios. Para que esa ecuación funcione hace falta un adversario externo al partido, porque dos contendientes de la misma lógica terminan fagocitándose. Lo dirigentes peronistas debieran, a esta altura, manejar ese detalle -no menor- que ahora parece conocer todo el mundo. Y es el peronismo quien entendió com nadie los efectos de estos cruces internos: uno, en 1983, y otro, en mayor medida, en 1999. No sólo es el electorado quien recuerda el menemismo, sino que algunos olvidan las causas de sus derrotas. En fin, qué cosa.
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3.
Deciamos: Piazza Navona, 2002, Moretti (no el cantante de Estelares). Habrá que sacudir el discurso sin empobrecer el lenguaje. Ahora resulta sencillo determinar que la licuación del kirchnerismo (porque es así, hasta acá llegamos. Una vez, volvimos. Ahora, ¿fuimos?) responde a una errática manera de resolver un conflicto sectorial, como el del campo. Lo importante de volver a empezar es ubicar el punto donde terminó la última batalla. De otra manera, no reconociéndolo, haremos de la política la sobremesa de una tertulia repasada sólo para viejitos piolas, y de memoria. Y no queremos semejante cuadro para nuestras vidas.
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4. Habría que observar hasta qué punto la acumulación y construcción de un poder (Kirchner, 22%, 2003) no fue parte de una estrategia mayor del conservadorismo, al ceder en su momento, con la renuncia al ballotage del hombre de Anillaco, un espacio que estaba agotado, pero que más adelante (incluso hoy) sería reabsorbido por una fuerza neo-menemista encabezada por otro Jefe. Huelgan los nombres, para qué mencionarlos, si están a la vista. Así, desaparecido Menem de la escena fuerte de la política, el error que prevaleció (es sencillo decirlo ahora, cuando todo) fue creer que un "hombre", o más bien un gentilicio duro, daba por terminada una etapa para comenzar otra. Y esto no era exactamente así.
Otra: si bien el aporte del kirchnerismo sobre el discurso cultural-político no será interpretado hasta bien entrada la década del 10, confluiremos sin embargo en los ejes básicos del entramado político K. Marquemos al menos tres: 1) revisión y puesta en su justo lugar de la memoria reciente (juicio a represores, instalación y valoración de la experiencia de las luchas sociales y políticas de los 70'); 2) la inclusión en el mapa de la Nación de una previsibilidad institucional (cambio de la Corte menemista), y 3) la recuperación de la idea de Estado, basada en la dinamización del campo laboral -paritarias, convenios colectivos, aumento de salario, etc.-, además de la solidez de la solidez de las cuentas públicas y la rejerarquización de un modelo redistributivo. Todos estos tópicos versus el modelo completo de la Argentina neo-reaganiana de los 90', son -of course- antagónicos. Hasta Olivia, mi hija de 9 años, lo sabe al dedillo. Sin embargo aquello que ganó terreno este domingo 28, es lo que se mantuvo congelado en la memoria pragmática de cierto sector de la población, y que no toleró la revisión permanente del comportamiento global de una sociedad imprevisible. Si algo debe aprenderse de esta etapa, es que no se puede soportar mucho tiempo ser señalado. Lo que finalmente ocurrió es que el pretendido "golpe institucional" del renunciamiento de Menem a la segunda vuelta, terminó en la reconversión de los tópicos menemistas. Se puede leer en el arquetipo de cualquier film del género de terror: a los muertos insepultos hay que clavarles una estaca en el corazón de su sistema, de otra manera regresan, se vuelven inmunes. Y cuando más atrás se dice señalado, esto también le cabe a ciertos sectores progresistas (Solanas, Ripoll, Zamora, etc.) de la política nacional, que prefirieron dar la espalda a este gobierno, a pesar de levantar banderas muy caras de cualquier izquierda -léase salarios, empleo, o defensa de los derechos humanos-, sólo porque su sector no ejercía el poder para llevarlas adelante. Para ellos, su pedacito de triunfo de la centro-destra. No digo con esto que debieran reverenciar a los gobiernos K, pero por lo menos no ser tan políticamente mezquinos. Quienes tienen edad suficiente, comprenden en su totalidad cómo les debe haber costado a las Madres y Abuelas tener la confianza suficiente para apoyar cualquier proyecto de gobierno.
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5. La renuncia de Kirchner a la titularidad del PJ nacional, y horas antes, de Graciela Ocaña en el ministerio de Salud, no hace más que aumentar la lenta depreciación de la calidad humana de la política en nuestro país. Cabe suponer que cuando la derecha consolide su hegemonía (derecha: no sólo privativo del PRO, sino también del radicalismo emergente en Cobos, esa derecha lavada de discurso, insuficiente cuando debe crear políticas activas), cuando finalmente el monstruo anti-siniestra se regenere, habrá voces alertas sobre la posible pérdida del rol del Estado, sobre la privatización del sistema jubilatorio, etc., porque en verdad debieran hacerse un mea culpa, y criticar qué clase de idiotas útiles tienen sectores del progresismo de nuestro país, que a sí mismos se cancelan la posibilidad de crecimiento político porque no puede ampliar el espectro que cree representar. Para muestra, este botón: en el debate porteño del programa "A dos voces", de Marcelo y Gustavo (a partir de ahora, es muy pro llamarse por el nombre de pila), Pino Solanas estaba más enojado y furioso con el kirchnerismo que con la derecha neo-menemista o el liberalismo evangélico de Prat Gay. ¿Y el por qué de su enojo? Bueno, se disputaban campos semejantes. Pino obtuvo un más que meritorio segundo lugar en Capital, entre dos derechas, la menemista y la del Acuerdo, sin presentar una gran estructura con relación a las otras fuerzas. Pero sigue sin tener estructura, y por consiguiente, Pino llegará hasta donde llegó. No más. No hay mucho futuro si no se está preparado para hacer una amplia alianza de sectores, que incluya a los que ellos mismos denostaron en esta elección. Y eso no sucederá. La derecha gana 5 a 0.
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6. La oposición colocó al gobierno en el debate informe de seguir sin peso o caer con todo el peso, pero sin ley. Ahora asistiremos a un gobierno sin legitimidad, al punto de poder abandonar el poder. Hoy habló la presidenta. Para TN, la jefa de Estado minimiza la derrota, cuando, a su manera (otra vez la forma, el modo, "la cartera Vuitton", etc.) sólo estaba reconociéndola. Decíamos que ahora asistiremos a un gobierno sin legitimidad, pero cuya ausencia sólo consagrará lo que ciertos adversarios vinieron a buscar, retroceder el tiempo, exactamente al 28 de marzo de 1991, día de la publicación en el Boletín Oficial de la llamada Ley de Convertibilidad. Reinstalarla es complejo, se sabe, pero no impedirían con ello reinterpretar los efectos de esa paridad maléfica para el país (algunos ya adelantaron su preferencia por volver a las privatizaciones). Por eso, la palabra de Nanni Moretti es luminosa por sí misma, salta desde su poder de enojo al deber de enchastarles en pleno rostro, lo que piensa de su propia dirigencia. Moretti interpela el corazón mismo de la burocracia de la izquierda italiana, pero también sacude la vanguardia ideológico-política que llegó tarde al reparto de sustituciones. Y Nanni Moretti lo puede hacer porque grita. Nosotros aún no nos enojamos siquiera como sociedad, porque en parte, nos damos vergüenza. Sí, que se vayan todos, y la sociedad decidió irse al mazo.
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7. ¿Cómo podría darse nuestra Piazza Navona? "Sono avvilito, frastornato...", Nanni dixit. Girotondi.
El problema sigue siendo nuestro. Si parafraseáramos a Moretti diremos que "lamentablemente, ahora que la caricatura se ha convertido en realidad, no debemos buscar excusas o razones que no estén en la velocidad con que en las últimas semanas no nos hemos movido". Y todo esto, ¿no se parece en mucho al comienzo de El Fiord?

El cineasta y hombre de la centro-sinistra Nanni Moretti, acusando a los dirigentes de la izquierda italiana de inútiles para enfrentar el poder de Berlusconi. Piazza Navona, febrero de 2002.

4 comentarios:

X dijo...

Excelente texto, grande Moretti, pero todo muy triste y cierto. ¿Por qué esa verguenza, que no permite el enojo, o al menos una reacción? Eso que parece nunca cambiar. Eso, esa. Es que no lo puedo definir.

clubsilencio dijo...

Excelente reflexión, querido Pignani.

paniagua dijo...

"Lo importante de volver a empezar es ubicar el punto donde terminó la última batalla." Bueno, esta noche no se me representan sino miles de puntos móviles... Un abrazo enorme.

Mario Arteca dijo...

Sole: no sé si todo es triste y cierto. es probable que sea sólo cierto. A veces cuesta despegarse del deseo que uno impulsa a la realidad, para que ésta fuerce las cosas. Funciona, en algunos casos, no en éste, obvio, donde todo salió como uno no quisiera. Habrá que construir, hacia adelante, aunque delante nuestro esté incluso el doble tinellizado del colombiano.

Fogelman: gracias por el comentario. Vino bien. Como te imaginarás, me puse a grabar música y linkear un montón de páginas que SÉ que a vos te gustará. Buscate lo de Brian Auger: es demasiado bueno. Un abrazo grande. Nos llamamos, no?

Martín querido: con uno de esos puntos debés quedarte, porque sino ¿desde dónde el recomienzo? Mi artículo parece desesperanzador, pero en el fondo, muy en el dofón, creo en la reinvención del proyecto. Pero lo importante es pensar la política a partir de esta nueva forma de chocar con la misma piedra (menemista, policial). Contame alguno de esos "puntos móviles", aunque se por mail. Doble abrazo.