viernes, 23 de enero de 2009

Deje un mensaje después del tono (I)

1. La misma idea de génesis se transforma en esa interrogación que es el gérmen del dilema proyectado. Cuando abordamos la pregunta, cualquiera fuera ésta, incluso la que mayormente nos representa como géneros propios de la impotencia especular (pj: ¿qué cosa es hoy la poesía argentina?), no podemos sino dirigirnos a nosotros mismos para refinanciar nuevas dudas. La pregunta no tiene respuesta, es sólo interrogación misma. En el desmontaje de esta insuficiencia, a veces, encontramos ritmos del pensamiento que o bien estaban demorados por la improvisación, o bien sujetos a la omisión de la estructura. La poesía argentina no tiene una fórmula determinada, aunque pareciera ser un objeto crítico definido. Nada de eso. Por razones distintas, la poesía argentina de los últimos años (desde la retirada crítica del neo-barroco hasta la llegada del objetivismo neo-gianuzziano y el estallido oral luego de la relectura o primera lectura de Zelarayán u Osvaldo Lamborghini, como influencias netas en algunos de los buenos poetas que escriben su lugar en una poética de errancias) se encuentra en una etapa de refuncionalización de los nexos arrebatados por la dictadura 76-83. Lo que reacciona como sostén es la forma invisible de circulación de los libros de poesía. Tal vez no se lea poesía, o la nueva poesía (todo en un sentido masivo, claro), porque aún su forma de intervención se encuentra arribando a un lugar indefinido de convocatoria. Y si ese lugar es de tal modo definido, ese sitio, que no necesariamente la crítica debe circunscribir para amplificar, aún se implica clandestino. Clam, remite a secreto; celare, esconder. Proviene de clandestinus, obvio, latín. Por ende, aquello clandestino es lo secreto o que se desea mantener oculto, en especial por temor a la ley o a las autoridades. Decíamos: aún se implica clandestino, ¿qué queremos decir? Queremos decir que todavía falta pensar desde el foco de la especulación los impactos de la represión ilegal. La dictadura no sólo canceló físicamente a hombres, mujeres, niños y ancianos, también desarticuló los modos de ficcionalizar una realidad cuyo epicentro de intervención es el diálogo. Una idea de realidad, convengamos, cristalizada por los objetivos políticos-sociales de máxima. Entonces, el diálogo es la fórmula perfecta donde la invención consigue localizar el sentido original de la tradición oral; es decir, el traspaso discursivo. En los últimos veinticinco años existe una versión extravagante del sentido político del diálogo, ligada a la búsqueda de la verdad, y a la unificación reproductiva del discurso como manera de lograr efímeros acuerdos entre partes. A estos acuerdos se les denomina consenso. Los resultados son conocidos; también necesarios. Pero en poesía, el uso del diálogo tiene que ver con lo dialógico, y básicamente, con el descentramiento de cualquier principio de irreductibilidad del proceso creativo. Las modas a veces consolidan esos criterios peligrosos, donde la posibilidad de crear está ligada sólo al estilo y a una determinada forma de armar sentido con la sintaxis. Como sabemos, sin embargo, también las modas arrastran nuevos desconocidos que, en reiteradas ocasiones, se vuelven valiosos. Pero quedamos en el ítem clandestino.
2. De los hechos más traumáticos de la historia política argentina reciente: la presunta expulsión de la organización Montoneros de la Plaza de Mayo, el primero de ídem del 74, por parte del líder del peronismo, es decir, Perón. Se sabe que a partir de esta diáspora, la Argentina no volvió a ser la misma. No sólo el joven fue expuesto como un ser desguarnecido, sino que se autopropulsó como un fragmento de la sociedad que se manifestaba en clandestinidad, es decir, algo escondido y secreto. Y este cóctel fue letal, en esos años y en los posteriores. Aún hoy. En aquella época se decía: "Pasamos a la clandestinidad y los que estábamos en la superficie quedamos pegados". Obviemos el sentido político-militar de la noción de superficie, que es más bien una circunstancia toponímica operacional. "Los que estábamos en la superficie quedamos pegados", repito, repetían. Dudo que en la historia de la política argentina un segmento de la sociedad haya sido denunciado de esa manera, por parte de quien ejerciera el poder de entonces. Denunciar implica, ante todo, rodear un objeto y señalarlo. El sentido final es la advertencia; el sentido primero, puede ser muchos. La univocidad del sentido de denuncia capta al lenguaje en su sistema completo, por lo que el que expresa esa dirección del lenguaje (Perón) se vuelve total para el destinatario de la expresión (imberbes, estúpidos); de allí que el acontecimiento se vuelva, por interpósita denuncia, una concurrencia clandestina. Se disuelve el objeto para ser sólo sujeto de un secreto a medias. La condición clandestina de esa generación, a partir de la señalización del Padre, retira por simple eliminación la clasificación edípica del inconsciente, ya no colectivo. Por eso sobrevivir a la cacería paramilitar significó, para muchos, la búsqueda del tiempo suficiente para recomponer los puentes del sujeto y recobrar la visibilidad, salir de ese "debajo de la superficie" al que toda una generación de jóvenes había quedado pegada.
3. Para salir de la clandestinidad (si es que se formulara una salida como código básico de supervivencia) hay que habitar otro lenguaje. En ese aspecto, existieron, como se sabe muy bien, algunas marcas durante la segunda mitad de la dictadura militar; de una escolástica menor en la poesía nacional: el neo-romanticismo (Nosferatu, Último Reino), el cóctel de romanticismo, creacionismo, concretismo y poesía visual (Xul, el grupo Paralengua) y el neobarroco. Después vendrán Diario de Poesía, Libros de Tierra Firme, Último Reino, ésta preferentemente en su rol editorial que de órgano de difusión lírica, etc. El neobarroco construye su máquina de guerra cundo carga contra el habla anterior y, desde ya, la oralidad castrense de entonces. A fuerza de indeterminación (es decir, el movimiento de zigzag de los significantes y el “despliegue de los pliegues” deleuzianos de la época) se transmite bajo el código de un renovado lenguaje corporal algo que nunca se había escuchado: Perlongher.

Ese código de guerra que impulsó Perlongher en sus textos más arquetípicos (Cadáveres, sin duda, a la cabeza) no podría contenerse como continuum propedéutico ni recipiente más perfecto, de no haber ocurrido antes una salida de la matriz represiva, como es el caso de la clandestinidad. Es sabido, desde ya y para que no ocurran malos entendidos: la clandestinidad no es un objeto, es un sujeto que en su sustantivo, encierra el doble sujeto de su movimiento. Es decir, nadie nace clandestino, como nadie deviene marginal, como nadie, ocurre pobre, para decirlo de la forma más literal posible. La clandestinidad jamás es buscada como orficio de salida a una aislamiento precoz que funcionaliza la adolescencia. Ser clandestino no es un destino, porque entonces estaríamos hablando sobre la noción del objeto en las maquinarias de los movimientos sociales. Lo colectivo intenta, en la medida de lo posible, ser el sujeto actuante. Por eso, la irrupción de la clandestinidad como tal, es obra de otro sujeto, con mayor poder y mejores articulaciones para promover el encierro y la disfuncionalidad por deterioro, de quienes se sienten poor momentos aislados sin proponérselo. Clandestinidad: sujetos que intentan cambiar el foco de sus pares, para formarlos como objetos de nuevas proposiciones, que por lo general son materia de nuevos modos de dominación, a largo o corto plazo.
Todas las fotos pertenecen a la Galería Francisco Cellini.

lunes, 19 de enero de 2009

Un poema de Derek Walcott para Obama (traducción de León Félix Batista)

De gran poeta a gran poeta: León Félix, el buen amigo dominicano, y autor de "Negro eterno", "Crónico" y "Prosa del que está en la esfera", nos regala un trabajo de traducción de un poema de Walcott, Premio Nobel 1992, para Obama, o para lo que uno cree que puede representar Obama en contraposición de Bush y el KKK, y en la mirada de un negro. Después de la versión de Batista y el original en lengua inglesa (isabelina, para Joseph Brodsky) de Walcott, unas apostillas del traductor. Disfrútenla. La era Bush puede tener grandes despedidas: ésta es una de ellas.
Cuarenta acres: un poema para Barack Obama
Derek Walcott


Emerge un emblema del tumulto, un grabado:
un joven negro al alba con sombrero de paja y overol,
un emblema de imposible profecía, muchedumbre
dividiéndose como el surco arado por una mula,
separándose para su presidente: un campo de algodón
nevado
de cuarenta acres de extensión, de cuervos con presagios predecibles
que el joven labrador desdeña por sus memorables
ancestros de cabellos de algodón, mientras, alineada en una rama, hay
una tensa
corte de búhos con gafas y, en el borde lejano
del campo,
un espantapájaros burlón apunta hacia él con rabia.
El pequeño arado continúa en esta página con líneas
más allá de la tierra quejumbrosa, el árbol del linchamiento, la venganza negra del tornado,
y el joven labrador siente el cambio en sus venas,
corazón, músculos, tendones,
hasta que la tierra yace abierta como una bandera cuando la firme
luz del alba raya el campo y los surcos esperan al sembrador.

Versión de León Félix Batista



Derek Walcott, Ivelisse y León Félix Batista


Forty Acres: a poem for Barack Obama
Derek Walcott

Out of the turmoil emerges one emblem, an engraving —
a young Negro at dawn in straw hat and overalls,
an emblem of impossible prophecy, a crowd
dividing like the furrow which a mule has ploughed,
parting for their president: a field of snow-flecked
cotton
forty acres wide, of crows with predictable omens
that the young ploughman ignores for his unforgotten
cotton-haired ancestors, while lined on one branch, is
a tense
court of bespectacled owls and, on the field's
receding rim —
a gesticulating scarecrow stamping with rage at him.
The small plough continues on this lined page
beyond the moaning ground, the lynching tree, the tornado's
black vengeance,
and the young ploughman feels the change in his veins,
heart, muscles, tendons,
till the land lies open like a flag as dawn's sure
light streaks the field and furrows wait for the sower.

Nieve penitente


NOTAS:

- Al terminar la Guerra Civil norteamericana, el Congreso norteamericano decidió, ante la imposibilidad de hacerse cargo de su manutención de manera indefinida, que todo esclavo liberado que fuera jefe de familia tenía derecho a recibir cuarenta acres –16 hectáreas– de tierra cultivable y una mula para comenzar su nueva vida. Estos terrenos provenían de los abandonados por los confederados a causa de la guerra. Esta iniciativa da nombre al poema. La invocación a la emancipación de los negros y la ruptura que significa el triunfo de Obama quedan así relacionadas.
- El nombre de su productora fílmica de cineasta negro Spike Lee (40 Acres and a Mule.), proviene de la misma historia. E. L. Doctorow (Nueva York, 1931) cuenta en su más reciente novela, “The March” (2005), esa zona de la Guerra de Secesión que dio origen al episodio de la asignación de los 40 acres y la mula. La novela fue publicada en español por Roca Editorial como “La gran marcha” (Barcelona 2006), en traducción de Isabel Ferrer y Carlos Milla, y obtuvo el III Premio Internacional de Novela Histórica “Ciudad de Zaragoza”.
- Walcott dijo que el título original del texto era "Forty Acres and Fifty States" (Cuarenta acres y Cincuenta Estados), pero decidió que era demasiado largo y lo acortó.
- El texto original está escrito con una rima particular del poeta, que le permite fluir magníficamente. En nuestra versión al español no podemos reproducir esta característica.
- La “corte de búhos con gafas” (court of bespectacled owls) del poema se refiere a los jueces de la Suprema Corte.
- Confieso que traduje el grueso del poema en 10 minutos, pero que me estanqué terriblemente en el verso que reza: “a field of snow-flecked cotton forty acres wide”. La razón: el adjetivo compuesto “snow-flecked”, que descompuesto en “snow” (nieve) y “fleck(ed)” (marca, punto, mancha), no me proveía de ningún adjetivo en nuestro idioma. Consulté la traducción al español del poema “Orígenes e historia de la conciencia” de Adrienne Rich, que usa el mismo adjetivo, y el traductor (anónimo) lo resolvió como “vareteado”, de “vareta”, sustantivo femenino de “vara” (swimming under the snow-flecked surface of the pool, que nada bajo la superficie vareteada de nieve). Otros traductores de este mismo poema de Walcott se inclinaron por “nevado”, que fue, aunque insatisfecho, la solución que escogí también (nevado es, sin duda, “snowy”, “of snow”). “Snow fleck” se utiliza a veces para referirse metafóricamente al polvo blanco que cubre ciertos bizcochos, o a la nieve ficticia en los adornos navideños. Pero sospecho que “snow-flecked” (con guión incluido) podría hacer referencia al fenómeno de la llamada “nieve penitente” (“a spike or pillar of compacted snow, firn or glacier ice, caused by differential melting and evaporation”, es decir, “nieve que va formando conos tipo monjes capuchinos y endurecida a hielo”), puesto que una línea antes se habla de “muchedumbre” (crowd) y, según se verá en las imágenes que anexo aquí, la nieve penitente semeja personas de pie. Esto también me acercaría a la traducción anónima de “snow-flecked” por “vareteado”. En fin, que me habría encantado traducir este verso como “un campo de algodón de nieve penitente de cuarenta acres de extensión”, pero habría prolongado peligrosamente la eufonía. Espero no haberme equivocado. Y si así fue, pido perdón, ante los pies de mis lectores, de manera penitente.

L.F.B.

martes, 13 de enero de 2009

El pronóstico de oscuridad (IV)


“Es posible imaginar el resto de las aves” (Ch. S.)

a los antiguos compañeros

Así lo decía: lo pequeño se vuelve grande,
pero la excelencia persevera.

En medio de un silencio mayor el día se construye sereno. Después de las imprecaciones, los truenos, la salva dada por el círculo antediluvial de las aves.

I. Es posible pensar el silencio como una forma de traición. II. Nadie vio la misma ciudad que yo, su crueldad a la hora de remover las cenizas.

1. Difícil obtener la absolución. No la acepto. Nadie vio la espera en fila en medio de la luz comando de una vitrina de retirados, borrando culpas por sus declaraciones.

III. Vi el fuego en la ciudad, y una anarquía de viruta en tilo, “encuentro solaz en el dolor punzante de la añoranza” (Zagajewski), donde caen arañas inspiradas por una trova de pájaros.

No sé cuántos crímenes imagino cometer, pero no es necesario que lo sepan. Aquí no hay criaturas así.
2. Es peligroso recordar cosas de esa índole, salvo aquellas que no serán sencillo reconstruir.

La generación que iba desapareciendo en el pasado tomaba una sola clase de té.
Et orbis

I. La respuesta debe ser la siguiente: niebla sobre los párpados. El horizonte crece, hay más aire, el rocío se desploma sobre el césped de los jardines. Las piedras miran indiferentes los vehículos en novedad. II. ¿El tiempo es asunto pretérito?
III. Los verbos perfectivos no disponen compasión a los vivos.

Hasta donde sé este deseo me abandona, y sin embargo un chorro de agua consigue enderezarse. Por un momento fue primo-hermano del río caudaloso.

1. ¿Quién no sintió alguna vez cierta incapacidad para el repudio? En la ciudad, a veces era lo único que contaba.
2. Las digo igual. Son cosas que no suelen decirse.

viernes, 9 de enero de 2009

Dos de Bronk

Algo de William Bronk (1918-99), gracias a que pude leerlo en lo de Aulicino, http://campodemaniobras.blogspot.com/2009/01/si-lo-que-percibimos.html


LA SONRISA EN EL ROSTRO DE UN KOUROS


Este joven, desde luego, había muerto, signifique eso
lo que quiera. Y noblemente muerto. Creo que debiéramos sentir
que había muerto noblemente. Quizá cayó en batalla,
y esta piedra esculpida lo recuerda
no como pudo haber sido, sino como si fuera a definir
la virtud desnuda que la piedra describe como suya.
Un pie se adelanta, los ojos al frente, los brazos
bajan más allá de la estrecha cintura hasta las manos
que cuelgan en ilimitada plenitud junto a los flanco pesados.
Este joven había muerto, y la piedra sonríe en su muerte
iluminando los labios con el placer de lo logrado:
un fin. Llegar a un fin. Llegar a la muerte
como a un fin. Y al llegar, llevar intacto el peso
pleno de su fuerza y su virtud, el premio del que
sus manos vacías están llenas. Nada se ha perdido,
sino el hogar, y la sonrisa al fin está lograda.


La muerte ahora, de la que nada aún -o nunca- se sabe,
nos deja solos para que pensemos de ella lo que queramos,
y acepta nuestra decisión, modelando la vida para la muerte.
¿Queremos un final? Nos lo da, y toma lo que damos
y lo guarda; y tiene, de este modo, en la vida misma,
una especie de casa del tesoro de graciosa semblanza
lograda y amparada por la muerte para que sea
por siempre bella y completa, como si
al querer en exceso lo perfecto, la forma intacta
fuera idéntica al deseo de muerte, una opción de muerte
como final. Hay otros modos, sabemos los modos
de hacer otra elección para la muerte: informes
o rotos, menos que completos, desmedrados, vivimos
en un mundo sin forma. Sin fin, no esperamos fin alguno.


No esperes, muerte, sonrisa de orgullo
de mí. No llevo nada en mis mano vacías.


(Sin datos del traductor)






EL SOSTÉN DE LA VIDA


La vida me mantiene vivo: todos sus tubos
y cables están conectados a mí y me sostienen
en formas que la vida determina para mis necesidades.
En una cama de tierra, en casa, sus calendarios
y relojes están programados para mí, los variados aires
matinales, vespertinos, cenitales, dentro y fuera;
las estaciones cambian y vuelven, cambian
y vuelven otra vez. Asunto tras asunto las noticias
circulan, describiendo sucesos y no-sucesos,
reportes a veces míos o de otros que conozco.
Comida, desde luego, frecuente. Salada y dulce,
soluble, y otras soluciones a veces
-fluidos correctivos necesarios para restaurar algún balance
quizá perdido. Estoy al tanto aunque
parezca no estarlo. Difícil de creer la oleada
de corriente a través de mis iras, éxtasis,
y temores a veces en la crisis: un tubo defectuosos.
Poder-intemporal, aunque no por mucho, lloraba
por ser restaurado. Marcadores e interruptores aguardan.
Ningún dios se me acerca. Estoy solo.


Versión de Ángel Llorente

lunes, 5 de enero de 2009

Intifada (a no dudar)

Con relación a lo que decía Martín Rodríguez (a no dudar, gran escritor. A no dudar), en http://revolucion-tinta-limon.blogspot.com/2009/01/por-qu-las-guerras-no-se-televisan-mas.html, lo siguiente:
El conurbano es una construcción. A no dudar, qué duda cabe. Pero no es una construcción duhaldista, es decir, es una interpretación de la construcción que formuló o supo integrar (qué duda cabe) Duhalde. Duhalde no es el conubano (ya sé, intendente de Lomas en 1973, vice de Menem, Ibrahim-Al Ibrahim, Provincia de Buenos Aires, Padre del freno del infame que-sevayan-todos, etc.), porque a pesar de amalgamar en su figura un sincretismo que va del funcionamiento pluricelular de las villas miseria, también supo construir un traductor, y ese traductor es una mirada anterior al Pacto de Olivos. A ver: creo que la inclusión del conurbano en la axiología democrática, proviene de la salida en conjunto al balcón de la Rosada de Cafiero y Casella, durante la semana santa del 87 (con José Luis Manzano -un jefe de bancada brillante, como pocos- y los principales operadores radicales en la palestra frente a la Plaza de Mayo), y después se reafirmó con la normalización en elecciones libres del peronismo, por la interna Menem contra Cafiero. Qué quiero decir: que el peronismo-justicialismo, derrotado en el 83, que provenía del isabelismo más rancio -Menem, entre ellos- (y por ende, un reflejo sintomático de lo que fuera la Triple A contra Montoneros y etc.), debía conseguir cierta legitimidad pseudodemocrática para seguir con vida política. De hecho, el 90 por ciento de los dirigentes que siguieron en funciones y en cargos legislativos dede 1987 (año de la victoria de Cafiero contra Casella -no Beto-) hasta el año 2002 (Duhalde, Remes Lenicov, etc.) fueron miembros de Guardia de Hierro. Para los que no saben, Guardia de Hierro era un grupo neofascista, que no le daba para ser Triple A, pero que sumaban a la hora de los asesinatos de militantes de izquierda, porque aportaban desde ideología (la sinarquía del profesor de latín Carlos Disandro, etc.) hasta la logística (básicamente, infiltrados en la facultades y colegios secundarios) antes de la llegada de la dictadura. Algunos de sus miembos fueron buchones de los grupos de tarea entre el 76 y el 83. Con esa raza infamante tuvo la democracia (véase alfonsinismo, alendismo, desarrollosmo, democristianismo, etc.) que negociar los años por venir. Entre otras situaciones de tensión y flujos políticos, negoció la mirada sobre cierto peronismo. Y ese pronismo es el de la construcción de un formidable (aunque vulnerable) ejército neoperonista, desideologizado, no sólo de la doctrina justicialista, sino de su matriz humanista y cristiana, que ya de por sí es sospechosa (sobre todo en manos de los Duhalde, Caselli, Ruckauf, Casal, incluso el propio Scioli). Lo último: que Duhalde se haya puesto el traje de estadista desde 2002 a 2003, y que haya conseguido logros institucionales indudables, no significa que no sea el mismo político cortado por el cuño isabelista-lopezreguista. A no dudar, qué duda cabe, si hasta parte del sindicalismo argentino y algunos desheredados naturales del Movimiento quieren volver a instalar un peronismo más ortodoxo, más "productivista" (ese el caballo de Troya). El funcionamiento de Duhalde no sólo es Kosteki y Santillán. Recuerdo los aprietes a la radio donde trabajo, por parte de la Comisaría Novena de La Plata, hace una pila de años. Era la policía de Duhalde, "la mejor del mundo", que podía hacer desaparecer un pibe como Bru (era por esa razón los aprietes) como un testigo del juicio a un represor: López. Y eso no es el conurbano. Eso es los Duhalde. Duhalde es la sutilización de los modos de represión ilegal. Es el infinitivo de los aprietes. Hay una demolición en esa noción casi minoritaria del conurbano, donde todo se reduce a violencia, tierra de nadie, sistema orgánico social propio, y un crecimiento toponímico estilo ameba. Esa es la idea del conurbano; incluso la idea poética del conurbano, que funciona desde hace años como lo políticamente correcto dentro de un esquema del inconsciente colectivo aún más neoconservador que antes. No es responsabilidad necesaria de los actuales gobernantes, sino de un triunfo de la muerte sobre la militancia, para decirlo con una crudeza que no es necesaria y que no me representa, que esa idea del conurbano sea otra. Para que eso suceda debe entenderse cómo funciona, si se quiere rizomáticamente, el conurbano. No se trata de un núcleo de municipios atrapados por el financiamiento del Estado. Más bien parece que son los gobiernos (nacional, provincial y municipal) los que quedan atrapados por el lenguaje, la máquina de guerra que ofrece como sistema de accionar en la política. Porque el conurbano hace funcionar la política, no es la política de un partido determinado la que hace que el conurbano sea lo que es. Qué duda cabe.
Son breves líneas, con relación a lo que escribiera http://www.revolucion-tinta-limon.blogspot.com/. Qué decir. Creo que se nota, y mucho, la falta de una generación. Eso es lo que creo que sucede. A no dudar.

domingo, 4 de enero de 2009