miércoles, 2 de febrero de 2011

Arno y Monte Hermoso beach

Llegué a Monte Hermoso hace tres horas. Mucho viento en la peatonal Dufaur. El aroma del mar es un idioma reconocido para mí, inclusive para una persona que de mar sabe como el mecánico dental de anilinas. Esta ciudad tiene una magia poco predecible: parece un balneario como tantos; la gente enloquece cuando no trabaja, se apila haciendo colas en una heladería para conseguir la misma calidad en las heladeritas de cualquier kiosko. Yo extraigo de mi bolso "Cuerdas para Aleister", de Lorenzo García Vega, y cuando lo leo creo comprender que Monte es Monte porque Lorenzo me hace sentir su lector en un lugar privilegiado. ¿O sólo se trata de cambiar de aire como quien cambia de lecturas? Tengo en la cabeza un par de proyectos de escritura, que si tengo el pulso y la energía necesaria, el 2011 será pleno Y si no, lo será igual, de todas maneras. Me llegó un mail de Arno, hace segundos, muy personal, demasiado por momentos. Es un polaco un poco pesado, pero está más sólo que Mubarak en su reunión de gabinete. Dice: "Me picó una abeja en la entreceja. Soy alérgico. Me está creciendo un chichón violeta, purulento, del tamaño de un cuerno. Soy el unicornio azul de Silvio Rodríguez!" Estoy consolándolo, ahora, en un mail muy extenso, muy personal. También me pongo latoso con estas cosas. Le paso el mail de Gambarotta, que de Silvio sabé una bocha.

Arno y las secuelas de la picadura de abeja varsoviana. Imagen freciente enviada por mail.

1 comentario:

Anónimo dijo...

lo que escriben algunos cuando no tienen que hacer, y lo que yo leo cuando me aburro