lunes, 30 de noviembre de 2009

Pacheco: el destino de ser reconocido

Of course se trata de un corrimiento perifrástico de aquel poema de José Emilio Pacheco, "Birds in the night" (Vallejo y Cernuda se encuentran en Lima), cuyo final se preguntaba: "¿No es peor destino/ser 'El Poeta Nacional'/a quien saludan todos por la calle?" Estos versos pertenecen a una antología editada por Alianza, en 1985; la versión es sutilmente distinta de la publicada en su edición original, en el Fondo de Cultura Económica-Letras Mexicanas, en 1973. La misma decía: "¿No es peor destino/ ser el Poeta Nacional/a quien saludan todos en la calle?". si algo siempre hizo Pacheco es reescribirse, a veces en forma desembozada, como lo hace cada vez que actualiza su obra completa (fabulosa, sin duda) llamada Tarde o temprano. Las negritas utilizadas no resaltan un equívoco, sino la marca indeleble de la corrección. No sé hasta qué punto el Cervantes concedido a Pacheco es un premio a la auto-traducción como a una obra que excede, incluso, el género lírico. Pero es en el género lírico donde Pacheco realiza esa operación del cambio mecánico del fondo de los textos, permitiendo desplazamientos dentro de un escenario reducido: el de la existencia soberana del inconveniente de haber nacido, haciendo caso a las reverberaciones de un Cioran mexicano y continental. Se pasa de un "por" a un "en", por obra y gracia de la corrección, que ya no es materia de gusto sino de posicionamiento ante la escritura. Desde ya no queremos desmentir al vate azteca, porque ni a él ni a nosotros falta nos hace. José Emilio Pacheco pervierte la materia sin doctrina de sus escritos, mutándolos, imponiéndonos un castigo peor que se un "Poeta Nacional" reconocido en ese afuera de sus escritos, sino que nos vuelve lectores nómadas, ya despedazados por los giros, los nuevos cortes en cada actualización de su obra completa, que es incompleta en la medida que cada corrección formula una mirada atenta sobre el valor agregado de la nueva puntuación, el nuevo corte y la dispoción que en cada cambio parece ser infinita. El poeta descubierto y saludado por la calle implica el movimiento de la gente hacia el escritor, una marca de lugar pero también de propósito; sin embargo, cuando es reconocido en la calle, tanto el poeta como sus lectores se funden en el reconocimiento: las disntancias se hacen permeables al valor de la eternidad. Reconocer es ampliar los mecanismos de implicación del otro, la mirada se vuelve fundamento de posesión. En los poemas de Pacheco coexisten varias puntualizaciones de la lírica moderna: el uso del verso libre, el relieve de una ironía por momentos devastadora, y la puesta a punto de un esquema de contraposición ontológica, en donde el ser, constituido como tal, nos informa de su condición al tiempo que se sale de foco y desperdiga sus aptitudes en la construcción de una estructura que siempre lo excede y más tarde regresa a su primera manifestación interrogatoria. La primera vez que me topé con versos de Pacheco fue lo mismo que presenciar una revelación, y sentir la certeza de pertenecer casi con exclusividad al mundo de los lectores asombrados por la belleza repentina. No fue así, claro, sólo un caso más de duplicación de la ingenuidad. Una revista española de los 60, llamada Margen había publicado fragmentos de "El reposo del fuego", un texto exacto, preciso, de una materialidad inclusiva, y repleto de un tono tan maduro como desconcertante.
Una imagen parece resumir un nuevo modo de componer:

Y fue el olor del mar: una paloma
como un arco de sal
ardió en el aire

Ese tipo de versos -una paloma prevista como un arco confeccionado de sustancias leves, delicadas, sin signo a la vista, como la sal, que de inmediato se pulveriza- resuelve una nada escatimada por los sucesos de provocación del lenguaje. Pacheco inaugura una poesía social, lírica, inventiva y desacralizada de sus anteriores formadores, pero también administra como nadie ese concepto tan venido a menos en la poesía contemporánea, como la eficacia. Ser eficaz no implica ser productivo en la exactitud, sino visible en la consecución de un estilo. Y como todo gran poeta, no escatima en utilizar cualquier material, con tal de conmover por el costado más inesperado. La poesía de Pacheco es el sueño del guerrero azteca a punto de ser decapitado, pero no él, sino su sueño, es decir, pone en sacrificio la materia con que la lengua más envolvente se siente inútil ante de improvisación general del hombre.
Bien: que el premio se lo tiene merecido, y si no, cabe la próxima pregunta: cuántos escritores latinoamericanos, como José Emilio Pacheco, puden ser reconocidos a simple vista? Pocos. Así, el Cervantes se queda en casa.
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Un poema de José Emilio Pacheco (1939-)


Alta traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos._____________________

1 comentario:

Joaquin dijo...

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