domingo, 2 de enero de 2011

Eleven

Con ese número se arma un equipo de fútbol; un grupo de apóstoles adictos y sumisos; y la cifra mítica de una incrustación islámica de aviones. No nos interesa eso, salvo el número preciso de años que Olivia está entre nosotros (1-1-00). El año empieza con ella.


UNA PELÍCULA IMPROBABLE


a Oli


Aquel par de ojos verdes me hablaban,
y por eso sólo articulé un qué improbable.
Como respuesta me tomó del brazo y me metió
en un film donde niños escuchan el sonido
de unas tijeras hablando solas mientras se recortan.
Le volví a explicar que si guardaba esos folios
mojados en algún momento se pegarían, igual
que nuestra ropa, mientras soñaba con un mate
humeante. Al cabo de un siglo la humedad
enfrió los tuétanos; aquel frío de estar poniéndose
cardiaco y dichoso. Siempre creí que la estrofa suya
era la actualidad, que el mar no tenía ángulos,
y que el precio es equiparable al rescate
de ciertos herederos. Pero dentro de unos meses,
unas anguilas con sabor a limo serán lejanas
desde donde vinieron. Los que consiguen crecer
se despiden así de la ría y sin pasar por agencias
de viajes, llegan a su destino para desovar entre algas
y continuar de todos modos el ciclo.
Piense siempre en lo que sucedería si yo fuese
un marinero que encuentra a una niña
abandonada y se hace cargo de su vida,
prometiendo estar junto a ella hasta el mismo día
en que alcance la mayoría de edad. Sólo eso.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Animal farm* (sobre No fábulas, de Eduardo Rezzano)

1. La compasión es el anexo desprevenido de la perversión. Esto que parece más bien una máxima, sin embargo sirve para amplificar el impacto que un libro como No fábulas, de Eduardo Rezzano, provoca en cualquier lector. El epígrafe que abre el libro editado por Vox (“Si el lenguaje nos hace humanos, la poesía nos ofrece el antídoto para devenir otra cosa”) cubre la mayor parte de nuestras dudas a la hora de terminar de leer el texto y caer en la tentación de comenzar de nuevo su lectura; y enseguida, justamente, deviene la pregunta: ¿No fábulas era sólo esto? Porque el libro de Rezzano, en coincidencia con ciertos pasajes de Gato barcino, trabaja zonas destinadas, al parecer, a un género como el de la fábula, que sugiere la trazabilidad de un bestiario, pero mutado en moraleja. La alegoría, la sucesión de categorías antropomórficas invisibles, hace de este género una posibilidad estilística.

Si hay algo que Rezzano conoce es trabajar desde la dualidad del discurso poético, ya probado en Gato barcino, uno de los libros clave en la breve pero importante obra de este escritor, y una de esas categorías emergente de estos poemas será hablar de un monosílabo. Pues entonces, hablaré desde el monosílabo, que es toda una creencia del alfabeto; y ese monosílabo es no. A pesar de la aclararación, Rezzano no nos anticipa su mirada sobre el género, sino que propone comenzar desde la inadecuación pero dentro de la forma. Esa fábula/no fábula en definitiva lo que hace es darnos el primer sacudón antes de la lectura.

2. Decíamos que para trabajar desde esa negación, Rezzano reinventó un género necesario e introducir la pesadilla de la diferencia. Así vemos en un poema como “Canción popular” la utilización de una tonada castiza, un revuelto de cante jondo que esconde un drama que no termina de estallar, y la puesta en funcionamiento de la fórmula indestructible de los libros de Rezzano, que consiste en combinar en forma natural todo aquello que un niño puede desear con todo aquello que un niño puede temer. Ya no importa si es el hortelano o un boticario (figuras de una retórica alejada del universo rioplatense) quien grita por que se lleven lejos la miseria, donde el hijo no es reconocido y un padre lo deja abandonado. En una misma escena, este poema de No fábulas nos ofrece una visión triangulada del sacrificio, donde en un mismo texto, el escritor asume su parte en nuna lengua muerta que está por nacer. Pero para que esta mixtura extravagante resulte efectiva, Rezzano necesitó darle a esa visión una casa adulterada, algo que hiciera que esos relatos bellos pero perturbadores, comiencen con una falla de origen. Y así nacieron estas no fábulas, como el trickster enfermizo de Ted Hughes, ese bufón azabache, resentido y conformado como un Cuervo, nacido de la resaca de Poe para enfrentar con pocas armas a su creador, aunque en el caso de los textos de Rezzano lo que lo une a Hughes es la pertinacia con que esos personajes manejan un mundo, a su antojo, bajo un régimen de contradicciones. Si algo es absolutamente relevante en este libro de Eduardo Rezzano, es la simpleza con que esas contradicciones mutan desde la ternura, el relato ficcional hasta esa pequeña antropología de la disección que compone gran parte del mundo de estos poemas. Al igual que en Cuervo, de Hughes, los personajes de No fábulas creen más en la carne y en su aopetito que en la resurrección. No hay más allá en no fábulas, porque como en toda catedral, la primera piedra es la invisible. Siempre el origen es esa cosa incomprobable, diametralmente opuesta a los intereses eternos. Y estas fabulitas descentradas de Rezzano provocan el estallido del exotismo del presente, única manera en que encuentra poner en funcionamiento una propuesta universal. Si un poema debe ofrecer sólo imágenes que afecten la mente, como propone el escritor y filósofo mexicano Heriberto Yépez, entonces no fábulas responde a esa preceptiva con creces.

3. Un poema como “Aventura de un día”, cuya influencia secreta sería el poema “Intercambio cultural”, de José Emilio Pacheco, propone un absurdo que relata, en breves chsipazos metonímicos, la lógica de un tsunami. Animales y personas hinchadas, ahogadas por una repentina crecida que respondió no a fenómeno de la naturaleza, sino a la curiosidad del propio litoral marítimo. El poema intenta detectar hasta dónde soportamos la descripción de un desastre, y por eso, dota a un accidente geográfico de una condición inmanente del hombre: su capacidad de indagación. “El litoral marítimo se internó / tierra adentro en el continente // quería conocer otras lenguas / otras culturas // pero vio todo pasado por agua / como a través de una lente / de aumento// Regresó decepcionado llevándose / vacas ovejas / caballos bayos pastores y aldeanas / todos con el vientre hinchado / flotando tiesos bajo el atardecer”. Pero esa curiosidad, mata, se lleva todo, arrastra con sus imágenes el impulso que nos lleva a pensar indefectiblemente en el refrán: “la curiosidad mata al hombre”.

4. Los poemas de Rezzano, en ese sentido, son como un niño gigante, como los de Johnatan Swift, que cree jugar con un muñeco cuando lo cierto es que se divierte con un hombre de un tamaño diferente, y de pronto el muñeco sangró, se rompió, no se mueve por voluntad propia; entonces el gigante sacude el juguete, que no responderá más, y enseguida rompe en llanto porque entiende que la diversión concluyó. Ese proceso inconsciente es la historia secreta de la desproporción, de la falta de simetría entre el deseo y la proyección de ese deseo. En otro texto, “Funeral”, Rezzano pone a su yo magnetizado por el abusrdo, a participar de su propia inhumación. Ante un cajón vacío, sólo resta acompañar a los deudos, entre una avenida de tilos y naranjos, bien platense, más aromática que un Poett. Hay un efecto de descentramiento absoluto en esa procesión que hace que el escritor se describa desde la periferia de los despojos, después de muerto, incluso por fuera de la percepción, en un trance hipnótico y desajustado de las réplicas sociales. Parece un autorretrato efímero, en medio de una descripción sin epitafio, sin descanso, sin la perturbación afiebrada de la identidad. Rezzano adhiere a esa muerte ralentizada, como el tronco hueco que cae por su propio peso, y apuesta a la tenacidad del paso del tiempo que debilita hasta los cimientos de las edificaciones más seguras. No fábulas propone que el suceso interno sea un estallido con impacto retardado, pero cuando sucede la explosión, finalmente, implosiona, y todo vuelve hacia el texto en forma de grito ahogado.

5. Se puede afirmar que Eduardo Rezzano es un viajero insomne, preparado para inventariar y repartir el patrimonio de todos. En este libro su juego no es necesariamente peligroso, aunque siempre resulta enigmático, y donde la compasión es el anexo desprevenido de la perversión. En un poema como “Patito feo”, está el génesis de la forma de este texto, y que podría ser, como ya dijimos, aunque no con un protagonista exclusivo, el libro Cuervo, de Ted Hughes, pero también mantiene un parentezco con Fábulas, de Juan Gelman (sobre todo en el uso deliberado de la invención), o bien con ese texto de trascendencia proverbial que es el Noé delirante, del peruano Arturo Corcuera. La diferencia con estos textos, entre otras, es que el libro de Rezzano mantiene una escritura áspera, aunque de un rigor sutil, sinuoso, retráctil. Como los juguetes de un creador desquiciado, los materiales con los que se compone No fábulas pertenecen a un funcionamiento sin origen patentado, pero donde puede verse la marca de una mueca en forma de bestiario, o mejor, de no bestiario, que es una manera inteligente de desmentir la fábula. Al no incluir una solución detrás del formato, Rezzano propone la ausencia de toda validez en sus poemas; porque estos textos no intentan convencernos de su propuesta, sino que la redistribuyen. Para muestra, basta aquel poema donde se juega a ese juego bastante curioso entre una ardilla y una serpiente -las dos llamadas Oligopol-, que consiste en no tocarse, porque de lo contrario el que comete infracción es muerto al instante por el otro. Son las leyes de la libre empresa, y una particular forma de incluir el perdón, donde la supuesta improductividad del logos toma cuerpo., es decir, cuando la inspiración llega a los límtes de la escritura para dar paso al sistema razonado de esa inspiración. Donde el precio de la escritura es alto pero, a diferencia de los oligopolios, proporcional a la producción.

6. Finalmente, Eduardo Rezzano trabaja en este nuevo libro una renovada salida del estilo; es una de las maneras que tiene de ser él mismo, o más bien, de inventarse. Lo suyo no es un desarraigo, ni una vuelta a escenarios reconocibles. Lo de Eduardo Rezzano es una tentativa de crear un espacio temporal frente a un espacio sin tiempo, tal como le gustaba afimar a Octavio Paz. Y para eso utilizó las armas que suele desplegar cuando escribe: morosidad, plasticidad y ambigüedad. Los dibujos extraordinarios que acompañan los textos no son parte de la obra, es la obra misma. Referirse a ellos es volver a decir las mismas palabras sobre No fábulas. Peca ha construido lo que Rezzano dispersó en un maremagnum de simbolos ambulantes, caracterizaciones antropológicas y miradas transversales sobre la psiquis. Rezzano ha conformado su propia sociología del detalle, y ese es su verdadero patrimonio.

viernes, 29 de octubre de 2010

El cadáver invisible

Hay un detalle que no se nos puede escapar, y que valdría la pena describir después de detectarlo. Las exequias del ex presidente Néstor Kirchner han revalorizado el rol de las masas en el campo simbólico, pero esto se dio, a diferencia de las despedidas de otros ex mandatarios (Perón, Alfonsín), sobre los restos de un muerto invisible. No recuerdo un presidente que haya sido velado a cajón cerrado, clausurada su imagen para el universo colectivo, él y su traje final, en un féretro que nada dice salvo su poder metafórico incrustado en la visibilidad de aquellos que fueron a despedir a un ex jefe de Estado, por fuera del control teledirigido de los medios. Estaban, existían. La gente que despidió a Kirchner no se encontraba exiliada, sino que fue todo lo visible en la proporción de que, durante mucho tiempo, fueron rehenes del sentido común de una habitual mirada liberal de la política. Se trató de una genuina expresión de agradecimiento al santacruceño, y a la vez una valedera demostración de fuerza para con Cristina. No había un muerto que observar, ni tocar, sino el pleno poder simbólico de un fenómeno que desbarató la proyección inicial de la muerte de un ex presidente.
Lo que fueron a contemplar no fue un cadáver, porque lo que buscaban era una representación de las fuerzas ocultas que cualquier pueblo guarda para sí. El féretro sin cadáver consiguió focalizar la libido cultural en el deudo, es decir, la presidenta de la Nación. Fueron por Cristina a través de Néstor. Podría tratarse de un episodio mediúmnico, esa transferencia inmediata que el peronismo consigue plasmar sin interferencias, y que las miradas más cerradas llaman "populismo". Da la impresión que asistimos a la visibilidad del modelo, del proyecto que, por lo general, nunca se hace presente porque las entelequias no se hacen presentes. Y justamente porque no se trata de una entelequia es que el cuerpo sin cuerpo logra vehiculizar las emociones. Tal vez fuimos testigos -gente aliada al gobierno, los que no y los indiferentes- de una mayéutica, que es el arte de partear porque, como diría Octavio Armand, ese gran poeta y ensayista cubano, lo mayéutico "no condena ni encadena: ayuda a que nazcan las ideas, las libera". Y el adios a Kirchner revalidó aquello de que la política no sólo es cambiante, sino que tiene su temperatura. Aquí siempre se da una confusión colosal: "la realidad es cambiante", algo así como imponerse a ese absoluto bajo una fórmula azarosa. La realidad se construye con los actos; el poder simbólico es la contraoferta a esa realidad que termina en regateo. Y en el regateo, el poder simbólico siempre gana, porque es poco maleable, porque está alejado de la hermenéutico, y porque su condición necesaria es la progresión, es decir, la estructura metonímica a pleno. Lo que vimos es peronismo, aunque todos los actores no sean peronistas. Hablo de la mecánica, de su heterodoxia de sentido. Es cierto que siempre existen contradicciones que parecen insalvables, pero cuando mueve contamina todo. Cada vez que sucede algún hecho de este tipo pienso en el shock post-traumático de la sociedad, y en esa frase de De Rougemont, citada por José Emilio Pacheco en un poema de Irás y no volverás (1972), donde define a una manera de amar como "la posesión por pérdida". Y esa parece ser una de las conclusiones inmediatas de la despedida de un líder como Kirchner: en la pérdida existe la pertenencia.

jueves, 28 de octubre de 2010

Como una muerte de la que todos hablan

En la escena incial de Paris Texas, un film de Wim Wenders, un nómada atraviesa el desierto del Mojave con el corazón roto en busca de un lugar deshabitado, pero propio. De pronto, irrumpe sediento en un almacen de mala muerte, abre la heladera, saca una cubetera y se llena la boca de hielo, todo en forma desesperada, afanosa, y con los modaldes del caso. Tras ingerir los rolitos abre amplios los ojos y cae, fotogramas mediante, desmayado. Algunos aseguran que el choque entre el oxígeno del agua, la temperatura de los cubitos y la torpeza quie lleva una deglución con sobresaltos, puede llevar a un colapso de proporciones. En el caso de Travis, el protagonista de la película, el camino sigue, el hombre se puso de pie y echóse a andar. Me gusta pensar que ese fue el final físico de Kirchner, que jugó sus últimas fichas en cruzar su desierto repleto de dificultades, que pensó todo ese tiempo en cómo llegar a determinadas metas, cómo las fue cumpliendo y qué cosa -no un amor quebrado, sino, literalmente, un corazón roto-, qué cosa habría de hacer cuando se llegara al objetivo. Eso no sólo es previsión, sino funcionamiento y proyecto. Tal vez Kirchner no estaba desesperado como Travis, sino que sólo manifestaba con sus insert una manera de vincularse con el otro. Pienso en esto: la política como manera de intervenir. Sé que parece una verdad de perogrullo, aunque lo cierto es que la política, hace rato largo, había dejado de ser ese sitio donde intervenir. Parecía evidente, después de la wast land de la década del 90, que el próximo presidente daría un fuerte impulso no sólo al rol del Estado sino al de la clase política. Sin embargo, y ahí puede medirse la envergadura de la muerte de este tremendo político que fue Néstor, nadie en su sano juicio hubiese pensado que lo que era un nuevo borrón y cuenta nueva era, sin duda, un salto hacia adelante. Por eso la presidenta habla siempre de relato: porque se trata de una historia con subidas, bajadas, idas y venidas, pero que no encuentra obstáculos en su desarrollo, y si con ellos se topara, los eludiría sin miramientos. Ese es el funcionamiento que se puso en marcha: correr la suerte del relato. ¿Hace cuánto que en Argentina no se corre la suerte del relato? Es en ese punto donde uno se pregunta que, si vivir es una diaria resurrección, ¿por qué no pensar esa operación de acuerdo a la muerte? No es tan sencilla la tarea. Porque la muerte individual obliga a la resurrección colectiva, y ese mecanismo es menos fiable, más dramático, aunque si funciona es tremendamente revolucionario. Y cuando Néstor Kirchner pudo darle aire a la política también demostró los límites de la suya. Por ese mismo don inapreciable de la imprevisibilidad, es que Kirchner finalmente será recordado como un estadista. El estadista no es aquel que sólo proyecta el futuro de un país o es consecuente con un modelo a largo plazo, alternancia política mediante; también es un animal sorpresivo que parece que irá a mordernos, pero de a poco se nos acerca y pregunta ¿qué necesitamos? en vez de hacer lo previsible, que es echarse un ladrido y desparramar la tropa ajena. La muerte es una posibilidad del ser que el ser-en-sí tiene que asumir, decía Heidegger, casi como una máxima para conocer si en verdad el "maestro de Alemania" hablaba o no de la muerte. Vaya uno a saber. En ese sentido, el ex presidente lo hizo, al decir en infinidad de ocasiones: "de acá me sacan muerto". Y como Travis, Kirchner busca obcecadamente la verdad para el otro (en el caso del film, su hijo), para después perderse, lagrima rodando por la mejilla, en la soledad de la noche. No sé si existe un himno más perfecto que alegorice el desprendimiento. Se me ocurrió éste. La Argentina se ha quedado negra y sola, para parafrasear aquel comienzo de Argentino hasta la muerte, de César Fernández Moreno. Negra y sola, pero por poco tiempo.

jueves, 21 de octubre de 2010

¿Qué cosa es una toma de conciencia?

1. Ahora es el momento, el cuándo del quantum, lo que debiera tener un sentido unido a la razón como la razón sentido para la acción. Hoy es el día [el hoy de un presente continuo, que se hace futuro a la vez que se borra e invierte en favor del pasado] y por ese motivo habrá que acelerar los plazos, los fundamentos de la acción. La pregunta: ¿quién se mueve para inventariar la acción en puro funcionamiento de masas? Intento 1: Leer el segundo capítulo de Masa y poder, de Elías Canetti.


2.
Cualquier muerte nos llena de interrogantes, pero sobre todo disloca la capacidad de toma de posición. El pibe Ferreyra no sólo nos desacomoda, sino que vemos perturbada nuestra única virtud construida en democracia: la necesidad de pertenecer a una lucha. Cada asesinato de este tipo es un atentado al nosotros, porque nos devuelve al refugio de nuestras ideas que, por lo general, no fueron renovadas en tiempo y forma. Por eso, porque tener conciencia de lo que ocurre es un valor renovable, es que creemos que la democracia está amenazada, cuando lo que emerge de esta brutal liquidación de un chico de 23 años, es la agonía del procedimiento. El gobierno surgido en 2003 y después seguido en 2007, pueden leerse como gobiernos de transición, pero no una transición refundadora, sino un pasaje hacia los basamentos de una democracia perforada por los diagnósticos. Lo que vemos, lo que padece la familia Ferreyra [y Elsa Rodríguez, con un balazo en la cabeza], es el fin del diagnóstico. No se puede vivir auscultando la sociedad como si esta soportara mucho tiempo más un zarandeo de este tipo. Intento 2: Leer Los tigres de la memoria, de Juan Carlos Martelli.


3.
Ahora le caen, como aerolitos, contra el sindicalismo. Hay que diferenciar, pero es tarde: NADIE QUIERE DIFERENCIAR. La actividad sindical está vista como una mecánica mafiosa, demoníaca, cuando debiéramos recordar que fueron justamente los trabajadores quienes rompieron el cerco del silencio en la dictadura para dar luz a la democracia que puso al frente a la UCR, después de haber colaborado con más de 300 intendentes en épocas oscuras. Por supuesto, no creo que este sindicalismo sea homologable al de los 70 y al de principio de los 80, pero demonizar con la información de superficie es ser permeable a la manipulación informativa. En este momento estoy viendo TN (por favor, no banalicemos: veo sólo un canal de noticias) y su videograf: MARCHA POR MARIANO. Ahora, el grupo Clarín está profundamente interesado en la vida de un militante de izquierda? Es una novedad que no debe pasarse por alto. Lo que no debe también pasarse por alto es qué cosa se propone en ese tipo de información, ese título que es equiparable a la muerte de cualquier chico en boliche de Los Hornos, un caso de gatillo fácil o un derrumbe minero. Ferreyra no es un caso de inseguridad, sino una resultante de una fórmula imprescindible, desde Rucci hasta acá: el odio al progresismo.


4.
Lo que quiso hacer la gente del campo, del periodismo y parte del empresariado, fue traducido por la violencia de esa mafia lumpen. Siempre, una expresión de intereses necesita de su brazo armado, en forma conciente o de idiotas útiles. Cuando la sociedad cree que toma conciencia con relación a la muerte de Mariano Ferreyra (del que no conocen nada e intentan saber poco), están convencidos que este asesinato es una nueva oportunidad para reafirmar sus creencias. Nada de eso: la muerte siempre es un suceso individual; el proceso colectivo es armar una sociedad mejor, sin mezquindades ni especulaciones de baja estofa (Pino Solanas y Vilma Ripoll, en lo de Mirtha Legrand: si eso no es una derrota, cuál, entonces?).


5.
Lo último: investigan el accionar de la Policía Federal en los sucesos. Ya SABEMOS qué cosa es la policía. Eso sí, -otra vez- cuidado con los idiotas útiles (Pino, Vilma, etc.), porque detrás de todo esto avalan que por PRIMERA VEZ SE REPRIMA para justificar convicciones propias (me refiero a la búsqueda de un título: "Gobierno represor"). No hay peor progresista que el que cree que le quitaron las banderas que nunca enarboló, o que cierta vez llevó adelante con la convicción de un juguete difícil de desarmar. Falso de falsedad absoluta.

jueves, 14 de octubre de 2010

Cuando la política se vuelve un conejito de Indias

Mientras los mineros chilenos y un boliviano son extraídos del más hondo de los hondos de los suplicios, Cobos hace de nuevo de las suyas. Es decir, se regenera a sí mismo, esta vez sin titubeos, e instala para sí una chance electoral. Con el voto positivo en favor del 82 por ciento móvil no sólo posiciona un escenario virtualmente derretido por la falta de producción política en la oposición, sino reinventa una coreografía de disputa que estaba alejada desde mitad de 2008, después del conflicto de la 125. Creer que este proyecto es inviable, no es acompañar a rajatabla lo que exhiba el gobierno, sino decodificar la ausencia de argumento de esta iniciativa desde bloques heterogéneos. En los discursos de los senadores opositores no trascendió ningún argumento creíble (en verdad, todos muy vagos) sobre el financiamiento de este beneficio que desean los jubilados, con razón, desde hace más de 40 años. El fondo de la ausencia de financiamiento es el desfinanciamiento del Estado. Nada se habló de la desproporción que habrá entre los salarios mínimos y los más altos, que serán extremadamente altos, con lo que se estará ante un escenario de menor distribución salarial. Afirma la oposición que si el ANSES tiene superávit, este debe utilizarse para pagar los aumentos de la clase pasiva; la asignación universal por hijo, dice again la oposición, se puede pagar con el cobro de la "renta financiera". Esta oposición, que jamás planteó semejante cosa porque nunca estuvo en su espíritu, desea correr por izquierda a un gobierno que siempre se plantó desde el progresismo. Es una toma de posición pero también de reconocimiento de que las medidas que ha tomado el Ejecutivo, en materia previsional, son las más equitativas y arriesgadas de los últimos años. Lo saben, y por eso mismo, deben descabezarlas. El senador Gerardo Morales se atrevió discutir los porcentajes del impacto de la asignación por hijo, diciendo que con esta nueva redistribución, el beneficio que ellos jamás imaginaron podrá hacerse mejor. Extraño en alguien que encarnó a un gobierno que limpió de un plumazo el 13 por ciento del salario de los jubilados y los estatales, para más tarde huir dejando 35 muertos. ¿Por qué ahora lo harían mejor? Porque justamente, no pueden hacerlo mejor. La oposición intenta gobernar el país desde el 2011, pero para llegar a eso deben gobernar a partir de ahora. Los proyectos que intentan aprobar en ambas cámaras son parte de las políticas que siempre sostuvieron, y como son perfectamente conscientes de que caen en el fracaso, ahora aprendieron que esas políticas las debe llevar el gobierno de turno, opositor a ellos. Para formular propuestas, el sector opositor debe probar qué capacidad de daño pueden llegar a tener: ya conocen los alcances del error en el poder. La oposición no quiere sólo marcar agenda, sino que se lleve adelante su programa a través de un gobierno con distinto pensamiento económico, con tácticas políticas contrarias al sector opositor y que a la vez experimente costos electorales ajenos. El resumen estratégico sería el siguente: Si querés llegar al poder, debes gobernar antes, durante, pero no después. Ese es el axioma de la oposición y eso es lo que estamos observando. No hay después cuando no existe política. Los años han vuelto a cierta clase de dirigentes mucho más cínicos de lo que imaginábamos. Y si el costo será el veto, así será. Comienza la temporada de caza y habrá que ver qué nuevas estrategias tiene el oficialismo para producir política. Con las viejas, ya no alcanza.

sábado, 9 de octubre de 2010

Los mundos de Arno Wołica (10)

Arno Wolica interpretando un fragmento de una obra de culto de Guillermo Estévez Boero, junto al Teatro Negro de Praga. Única y última experiencia de ese tipo. Bratislava, 2005.
Después de meses sin dar señales, y menos de vida, Arno Wołica volvió a editar un poema, esta vez en un pequeño periódico universitario de Varsovia. El texto relata una velada, de aquellas en la que a veces participamos, y donde el visitante es vampirizado por un anfitrión con el sólo objeto de lanzar una catársis inesperada. Preguntas profundas, reflexiones antojadizas, justo en el momento en que el invitado tiene en mente sólo pasarla bien y olvidarse de algunos malos tragos. No siempre eso sucede. Arno consigue, como casi siempre, que lo banal sea universal, aunque sea un momento.


VISITA INADECUADA

(Odwiedź nieodpowiednie)

“¿Puede vivir sólo sin imaginación?
¿No tiene nada que decirme?” El jueves
vino a hablarme Wladislaw Tadeusz
sobre un asunto de la mayor importancia
Tengo necesidad de que me humanicen
pero no a costa de un gran discurso
Y menos esa noche La idea de algunas
personas de arrancarle aplausos a una platea
invisible En nada lo aprecio y además
carece de gusto por lo clásico Anoche
lancé gases durante la hora y cuarto
que duró la peroración Más tarde brillé
en un salón de baile con tal presión
retórica que a la vez que despedía chispas
me sumaba a un desconcierto de mucamas
oculto en un hotel de sindicato Querida
amiga: después de perder trenes en todos
los empalmes posibles pude al fin verte
y pasar la noche aquí Para qué más horas
en hoteles solo Cada vez que lo preguntas
no obtengo salida conveniente
Dejemos eso para más adelante

sábado, 25 de septiembre de 2010

No asustes a los caballos

1. Escribió el polaco Arno Wolica: "Cada vez que visito a mi abuelo Kazimierz busco el mismo disco: Hard to Find, y este tema, Don't Spook the Horse. Mi abuelo nada sabe, nada conoce, todo lo que busca es la huella de su ignorancia. Sólo intuye, es decir, reconoce al filo de la adivinación el sentido que el sonido de Neil Young propone a esa vida aislada por un mundo al parecer mejor que el suyo. Cierta vez, no hace mucho tiempo, se me zafó el volumen de su humilde equipo, cuando sonaba este tema. Mi abuelo vive en medio de un silencio de bosque y nieve, y por eso, él también se sobresaltó. Enseguida, casi sin apreciar el avance enloquecido de los decibeles, un grupo de caballos cruzó corriendo por el frente de su casa. Casi se despeñan en un acantilado cercano al risco que gobierna el territorio donde mi abuelo planta batatas y riega los huecos demorados de sus hortalizas. Arno, por favor, dijo Kazimierz, llevate de una vez ese disco, pero no asustes a los caballos. Pensé que se trataba de un temor especial, una suerte de dimensión privada que en ese momento me estaba siendo mostrada, por algún motivo. Pero enseguida pensé: "A quién no le asustan las tropillas, no?" Sin embargo, lo que le daba pavor a mi abuelo era que el volumen de un aparato como el suyo no tuviera control. Se mostraba más tranquilo sabiendo que podría ejercer cierta autoridad con un animal, pero jamá con un aparato electrónico. Más allá de todo esto, el volumen fue reparado y el temor disminuido. Que una gavilla de caballos asustados sean incentivados por un equipo de música que de pronto perdió el sentido, era algo excesivo para Kazimierz."

2. Y después, Arno reflexionó tras el trazo anecdótico; "Nunca supe demasiado sobre alguna cuestión específica, salvo la dirección de las palabras que escribo, cuando consigo pesarlas, creyendo que con ellas se organiza un mundo que se vacía a medida que intenta ser nombrado. Al contrario de lo que se cree, las palabras tienen un peso menor a medida que avanza la idea de que con ellas todo puede hacerse. Como los caballos asustados de lo de mi abuelo: no consiguen con su desatada carrera resignificar alguna que otra alegoría, cuyo efecto más nocivo es creer que con ello representan nuestro mundo. Sólo se manifiestan dispersos. Ya lo dijo el cazador desde las zonas estivales donde proliferan los zorros de cola recortada, para eludir la mira del que caza: 'Si quieres ir a montar en el pasto alto y verde, trata de no asustar al caballo'."



Neil Young interpretando Don't Spook the Horse, del album Hard to Find. El tema es de 1990.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Directo al infierno

Decía el indescifrable [qué bueno que fuera así, no?] de Ludwig Wittgenstein que entre la orden y la ejecución hay un abismo, y que éste tiene que ser superado por la comprensión. Debemos creer en esa "mancha de tinta" a la que alude el germano, para entender que una orden no es sólo una gavilla de sonidos, también es el uso determinado por la voluntad de ejecución. Qué cosa se siente cuando se afirma una determinada montaña de inexactitudes. Decía Hank Moody que su familia avanzó de modo autónomo, mientras él se hundía en un mar de aparatos reproductores femeninos. No es una simple queja sino una descripción de lo que pudiera ser un reclamo de visibilidad. Aparecer, salir de la superficie, es radicar la ejecución previa a la orden. Y a veces son los mismos hijos los que nos ajustician, reelaborando el misericordioso "Proceda" (una editora quiere sacarme las comillas en un poema, vaya a saber qué lío se hace con las voces independientes, sobre todo del texto), y hay momentos [uno es éste] en que comprendo qué cosa subsiste más allá de los parlamentos de David Duchovny, atravesado por Hank Moody, después de haberle regalado a su hija un perro boxer, cachorro, juguetón y besador como pocos. La hija del escritor de Californication no será la hija del minero, no entonará como los dioses, porque nunca tuvimos la desgracia de escuchar sus voces, pero entonces ella acaricia su perrito espantoso y le asegura, sonriente, en la medida de lo distante: "Haz lo que quieras, papá. Te amo pase lo que pase". Y ya no más esfuerzos por acercar posiciones. Los hijos nos condenan antes de descifrar la labor que hacemos por parecernos a ellos y alejarnos sin escala de nuestros padres.

Hay una veneno incondicional que se toma una sola vez, y ese momento está dado por la misma y certera pregunta improcedente: "¿Hay vida después de la mía?" Una vida completa incluye una sobreactuación fenomenal, cuya última estación será arribar al grado cero del afecto, a lo más virgen que se pueda intercambiar en un lapso brevísimo. Antes que el bebé abra los ojos y encuentre un mundo, estará de acuerdo en una sola cosa, que los padres son maravillosos, fuertes y excelentes compañeros de apertura universal. Somos el Virgilio de un Dante hecho a la medida de nuestras aspiraciones. El amor filial no es incondicional, sino consanguíneo. Se hará lo que se quiera, pero la mirada de la sangre nos desvía de nuestros sueños de corto plazo. Por eso, Moody, reflexivo, cuando camina sobre la arena fría, observa a su ex esposa e hija en su diálogo de cuerpos. Terceros, excluidos. Te amo pase lo que pase. "El reloj avanza. La brecha se expande. Ella no me amará por siempre, 'pase lo que pase'". Iré directo al infierno debido a mis esfuerzos por lograr la incondicionalidad, porque esto me acerca más a exigir una rendición que dejarme llevar por el ojo que me modela. Y así, todo lo que digo lo digo sin decir nada. El poeta peruano Jorge Eduardo Eielson pensaba algo semejante, pero lo escribió, lo hizo correr como un carretel, que olvida el concepto de madeja en la medida que el hilo sigue la pendiente. Ocurre en las familias, incluso en las mejores. El hilo no siempre se corta por lo más delgado.



The Brian Jonestown Massacre, tocando Going To Hell, del trabajo Strung Out in Heaven, de 1998.

martes, 24 de agosto de 2010

Un relato

Acabo de escuchar a Jorge Fontevecchia, dialogando con Ernesto Tenembaum y Marcelo Szlogtowiazda, justo en el momento en que el CEO de Perfil dice una frase aterradora: "Si pudieran, todos los políticos serían dictadores". No cabe caer en el simplismo aquel que asegura que este tipo de frase es una extensión del deseo inconsciente, y que por ende quien critica se define al mismo tiempo. Ha corrido demasiada teoría del espejo para volver a mirarse a la cara, son demasiadas consecuencias. Esa frase intenta definir al poder como una enfermedad; o peor: a la disputa ´política como una enfermedad que, de desarrollarse, se lleva puesto todo. En verdad, Fontevecchia reacciona con efecto retardado -porque la entrevista es del lunes, anticipándose- y lo que muestra es un prejuicio desmesurado por ciertos mecanismos de la democracia. Y esos mecanismos no son necesariamente una referencia institucional, sino que se trata del mantenimiento en el tiempo de un discurso que no desproporciona la anécdota, sino que la restituye a una estructura de facturación de presente. Cuando Van der Kooy y Blank, en el último programa de Código Político, se divierten con la idea de asistir a la puesta de un relato oficial con relación a Papel Prensa, montan otro prejuicio aún peor que tomarse en joda "la democracia", y es creer que la invención y la adulteración de la verdad, es la misma cara de un poder oculto en el Gobierno Nacional. Blank decía: "Se va ainventar un relato. Se dieron cuenta que tenían que inventar uno..." Y allí reside el problema: necesariamente había que inventar un relato. Para decir algunas exactitudes se debe armar, urdir un trama sensible allí donde sólo existe la dureza del testimonio. El trabajo sobre Papel Prensa es una ficción tan compleja como del Nunca Más, lo que no significa que se esté mintiendo, sino que se está registrando la posibilidad de ofrecer un catálogo de información, que incluya una de las formas de verdad. Al mofarse, Blank posibilita una respuesta. Lo que no tolera el llamado Grupo A, y cierta plana de la oposición, es la tarea de utilizar la invención para sostrener un relato que ni ellos mismos creen. Por eso, en este día 24 de agosto, como nunca tiene mayor sentido el trabajo sobre Papel Prensa, porque estas son las bases por las que algunos abogaron -con consciencia o sin ella- después de acabada la dictadura. Por eso, salen a hablar, y Fontevecchia a dialogar con estos dos periodistas y desmentir lo que todos conocen: que fue un editor y periodista que respaldó el Proceso, por más que él lo haya negado en la entrevista, y tampoco se lo hayan mencionado. Es así: la democracia, después de 27 años, reabsorbió algunos personajes nefastos del periodismo y los puso a orbitar, legitimados desde unos cuantos medios; y también mostró que en el progresismo alfonsinista hubo, como construcción, cierto nivel de tolerancia en lo discursivo, pero cuando ese recurso se agota se empieza a hablar con la voz de otros, porque el guión se acaba alguna vez y más tarde aflora lo que estaba debajo de la superficie, como un cadáver en el río, en algún momento aparece como testigo mudo por màs que haya estado en las profundidades.